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SOBRE
LA AMERICA DEL SUR
DE LA PROVINCIA DE SANCTA MARTA
La provincia de Sancta Marta(44) era tierra donde los indios tenían muy mucho oro, porque la tierra es rica y las comarcas, y tenían industria de cogello. Y por esta causa, desde el año de mil y cuatrocientos y noventa y ocho hasta hoy, año de mil y quinientos y cuarenta y dos, otra cosa no han hecho infinitos tiranos españoles sino ir a ella con navíos y saltear y matar y robar aquellas gentes por roballes el oro que tenían, y tornábanse en los navíos que iban en diversas y muchas veces, en las cuales hicieron grandes estragos y matanzas y señaladas crueldades, y esto comúnmente a la costa de la mar y algunas leguas la tierra dentro, hasta el año de mil y quinientos y veinte y tres. El año de mil y quinientos y veinte y tres fueron tiranos españoles a estar de asiento allá. Y porque la tierra, como dicho es, era rica, sucedieron diversos capitanes, unos más crueles que otros, que cada uno parecía que tenía hecha profesión de hacer más exorbitantes crueldades y maldades que el otro, porque saliese verdad la regla que arriba posimos. El año de mil y quinientos y veinte y nueve fue un gran tirano muy de propósito y con mucha gente, sin temor alguno de Dios ni compasión de humano linaje, el cual hizo con ella tan grandes estragos, matanzas e impiedades, que a todos los pasados excedió. Robó él y ellos muchos tesoros en obra de seis o siete años que vivió. Después de muerto sin confesión, y aun huyendo de la residencia que tenía, sucedieron otros tiranos matadores y robadores, que fueron a consumir las gentes que de las manos y cruel cuchillo de los pasados restaban. Estendiéronse tanto por la tierra dentro, vastando y asolando grandes y muchas provincias, matando y cautivando las gentes dellas, por las maneras susodichas de las otras, dando grandes tormentos a señores y a vasallos, porque descubriesen el oro y los pueblos que lo tenían, excediendo como es dicho en las obras y número y calidad a todos los pasados; tanto que, desde el año dicho de mil y quinientos y veinte y nueve hasta hoy, han despoblado por aquella parte más de cuatrocientas leguas de tierra que estaba así poblada como las otras.
Verdaderamente
afirmo que, si en particular hobiera de referir las maldades, matanzas,
despoblaciones, injusticias, violencias, estragos y grandes pecados que los españoles
en estos reinos de Sancta Marta han hecho y cometido contra Dios y contra el rey,
y aquellas inocentes naciones, yo haría una muy larga historia; pero esto
quedarse ha para su tiempo si Dios diere la vida, Sólo quiero aquí decir unas
pocas de palabras de las que escribe agora al rey nuestro señor el obispo de
aquella provincia(45), y es la hecha de la carta a veinte de mayo del año de mil y
quinientos y cuarenta y uno, el cual entre otras palabras dice así:
«Digo,
sagrado César, que el medio para remediar esta tierra es que Vuestra Majestad
la saque ya de poder de padrastros y le dé marido que la tracte como es razón
y ella merece, y éste, con toda brevedad; porque de otra manera, según la
aquejan y fatigan estos tiranos que tienen encargamiento della, tengo por cierto
que muy aína dejará de ser, etc...»
Y
más abajo dice:
«Donde
conocerá Vuestra Majestad claramente cómo los que gobiernan por estas partes
merecen ser desgobernados para que las repúblicas se aliviasen. Y si esto no se
hace, a mi ver no tienen cura sus enfermedades. Y conocerá también cómo en
estas partes no hay cristianos, sino demonios, no hay servidores de Dios ni de
rey, sino traidores a su ley y a su rey. Porque es verdad quel mayor
inconveniente que yo hallo para traer los indios de guerra y hacellos de paz, y
a los de paz al conocimiento de nuestra fe, es el áspero y cruel tractamiento
que los de paz reciben de los cristianos. Por lo cual están tan escabrosos y
tan avispados, que ninguna cosa les puede ser más odiosa ni aborrecible que el
nombre de cristianos, a los cuales ellos en toda esta tierra llaman en su lengua
yares, que
quiere decir demonios; y sin duda ellos tienen razón, porque las obras
que acá obran ni son de cristianos ni de hombres que tienen uso de razón, sino
de demonios, de donde nace que como los indios veen este obrar mal y tan sin
piedad generalmente, así en las cabezas como en los miembros, piensan que los
cristianos lo tienen por ley, y es autor dello su Dios y su rey. Y trabajar de
persuadirles otra cosa es querer agotar la mar y darles materia de reír, y
hacer burla y escarnio de Jesucristo y su ley. Y como los indios de guerra vean
este tratamiento que se hace a los de paz, tienen por mejor morir de una vez que
no de muchas en poder de españoles. Sélo esto, invictísimo César, por
experiencia, etc.,,».
Dice
más abajo en un capítulo:
«Vuestra Majestad tiene más servidores por acá de los que piensa, porque no hay soldado de cuantos acá están que no ose decir públicamente que, si saltea o roba, o destruye, o mata, o quema los vasallos de Vuestra Majestad porque le den oro, sirve a Vuestra Majestad, a título que diz que de allí le viene su parte a Vuestra Majestad. Y por tanto seria bien, cristianísimo César, que Vuestra Majestad diese a entender, castigando algunos rigurosamente, que no recibe servicio en cosa que Dios es deservido..»
Todas
las susodichas son formales palabras del dicho obispo de Sancta Marta, por las
cuales se verá claramente lo que hoy se hace en todas aquellas desdichadas
tierras y contra aquellas inocentes gentes. Llama indios de guerra los que están
y se han podido salvar, huyendo de las matanzas de los infelices españoles por
los montes. Y los de paz llama los que, después de muertas infinitas gentes,
ponen en la tiránica y horrible servidumbre arriba dicha, donde al cabo los
acaban de asolar y matar, como parece por las dichas palabras del obispo; y en
verdad que explica harto poco lo que aquéllos padecen.
Suelen decir los indios en aquella tierra, cuando los fatigan llevándolos con cargas por las sierras, si caen y desmayan de flaqueza y trabajo, porque allí les dan de coces y palos, y les quiebran los dientes con los pomos de las espadas, porque se levanten y anden sin resollar: Anda, que sois malos, no puedo más, mátame aquí, que aquí quiero quedar muerto.. Y esto dícenlo con grandes sospiros y apretamiento del pecho, mostrando grande angustia y dolor.
¡Oh, quién pudiese dar a entender de cient partes una de las afliciones y calamidades que aquellas inocentes gentes por los infelices españoles padecen! Dios sea aquél que lo dé a entender a los que lo pueden y deben remediar.
Notas
44 Noroeste de Colombia, junto a Barranquilla.
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Ultima Actualización Marzo 11, 2003
por greenman_92553 - Elias Bernard
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