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SOBRE MEXICO Y LA AMERICA CENTRAL
DE LA NUEVA ESPAÑA PARTE II
Entre
otras matanzas hicieron ésta en una ciudad grande de más de treinta mil
vecinos, que se llama Cholula: que saliendo a recebir todos los señores de la
tierra y comarca, y primero todos los sacerdotes con el sacerdote mayor, a los
cristianos en procesión y con grande acatamiento y reverencia, y llevándolos
en medio a aposentar a la ciudad y a las casas de aposentos del señor o señores
della principales, acordaron los españoles de hacer allí una matanza o castigo
(como ellos dicen) para poner y sembrar su temor y braveza en todos los rincones
de aquellas tierras.
Porque
siempre fue ésta su determinación en todas las tierras que los españoles han
entrado, conviene a saber, hacer una cruel y señalada matanza, porque tiemblen
dellos aquellas ovejas mansas. Así que enviaron para esto primero a llamar
todos los señores y nobles de la ciudad y de todos los lugares a ella subjetos,
con el señor principal. Y así como venían y entraban a hablar al capitán de
los españoles, luego eran presos sin que nadie los sintiese, que pudiese llevar
las nuevas. Habíanles pedido cinco o seis mil indios que les llevasen las
cargas; vinieron todos luego y métenlos
en el patio de las casas. Ver a estos indios cuando se aparejan para llevar las
cargas de los españoles es haber dellos una gran compasión y lástima, porque
vienen desnudos en cueros, solamente cubiertas sus vergüenzas y con unas
redecillas en el hombro con su pobre comida; pónense todos en cuclillas, como
unos corderos muy mansos. Todos ayuntados y juntos en el patio con otras gentes
que a vueltas estaban, pónense a las puertas del patio españoles armados que
guardasen, y todos los demás echan mano a sus espadas y meten a espada y a
lanzadas todas aquellas ovejas, que uno ni ninguno pudo escaparse que no fuese
trucidado*.
A
cabo de dos o tres días saltan muchos indios vivos llenos de sangre, que se habían
escondido y amparado debajo de los muertos (como eran tantos); iban llorando
ante los españoles pidiendo misericordia, que no los matasen. De los cuales
ninguna misericordia ni compasión hubieron, antes así como salían los hacían
pedazos. A todos los señores, que eran más de ciento y que tenían atados,
mandó el capitán quemar y sacar vivos en palos hincados en la tierra. Pero un
señor, y quizá era el principal y rey de aquella tierra, pudo soltarse y
recogióse con otros veinte o treinta o cuarenta hombres al templo grande que
allí tenían, el cual era como fortaleza, que llamaban Cuu, y allí se defendió
gran rato del día.
Pero
los españoles, a quien no se les ampara nada, mayormente en estas gentes
desarmadas, pusieron fuego al templo
y allí los quemaron, dando voces: »¡Oh, malos hombres! ¿Qué os hemos
hecho?, ¿por qué nos matáis? Andad,
que a México iréis, donde nuestro universal señor Motenzuma de
vosotros nos hará venganza«,..
Dícese que estando metiendo a espada los cinco o seis mil hombres en el patio, estaba cantando el capitán de los españoles:
»Mira Nero
de Tarpeya,
a Roma cómo se ardía;
gritos dan
niños y viejos,
y
él de nacía se dolía« (25).
Otra
gran matanza hicieron en la ciudad de Tepeaca, que era mucho mayor y de más
vecinos y gente que la dicha, donde mataron a espada infinita gente, con grandes
particularidades de crueldad.
De
Cholula caminaron hacia México y, enviándoles el gran rey Motenzuma millares
de presentes y señores y gentes y fiestas al camino, y a la entrada de la
calzada de México, que es a dos leguas, envióles a su mesmo hermano acompañado
de muchos grandes señores y grandes presentes de oro y plata y ropas. Y a la
entrada de la ciudad, saliendo él mesmo en persona en unas andas de oro con
toda su gran corte a recebirlos, y acompañándolos hasta los palacios en que
los había mandado aposentar, aquel mesmo día, según me dijeron algunos de los
que allí se hallaron, con cierta disimulación, estando seguro, prendieron al
gran rey Motenzuma, y ptisieron ochenta hombres que le guardasen, y después echáronlo
en grillos.
Pero
dejado todo esto, en que había grandes y muchas cosas que contar, sólo quiero
decir una señalada que aquellos tiranos hicieron. Yéndose el capitán de los
españoles(26) al puerto de la mar a prender a otro cierto capitán(27) que venía
contra él; y dejado cierto capitán(28) creo que con ciento pocos más hombres
que guardasen al rey Motenzuma acordaron aquellos españoles de cometer otra
cosa señalada, para acrecentar su miedo en toda la tierra: industria (como
dije) de que muchas veces han usado. Los indios y gente y señores de toda la
ciudad y corte de Motenzuma no se ocupaban en otra cosa sino en dar placer a su
señor preso. Y entre otras fiestas que le hacían era en las tardes hacer por
todos los barrios y plazas de la ciudad los bailes y danzas que acostumbran y
que llaman ellos mitotes, como en las islas llaman areitos, donde sacan todas
sus galas y riquezas, y con ellas se emplean todos, porque es la principal
manera de regocijo y fiestas. Y los más nobles y caballeros y de sangre real,
según sus grados, hacían sus bailes y fiestas más cercanas a las casas donde
estaba preso su señor. En la más propincua parte a los dichos palacios estaban
sobre dos mil hijos de señores, que era toda la flor y nata de la nobleza de
todo el imperio de Motenzuma.
A éstos fue el capitán de los españoles con una cuadrilla dellos, y envió otras cuadrillas a todas otras partes de la ciudad donde hacían las dichas fiestas, disimulados como que iban a verlas, y mandó que a cierta hora todos diesen en ellos. Fue él, y estando embebidos y seguros en sus bailes, dicen: «¡Santiago y a ellos!«... y comienzan con las espadas desnudas a abrir aquellos cuerpos desnudos y delicados, y a derramar aquella generosa sangre, que uno no dejaron a vida; lo mesmo hicieron los otros en las otras plazas. Fue una cosa esta que a todos aquellos reinos y gentes puso en pasmo y angustia y luto, e hinchó de amargura y dolor; y de aquí a que se acabe el mundo, o ellos del todo se acaben, no dejarán de lamentar y cantar en sus areitos y bailes, como en romances (que acá decimos), aquella calamidad y pérdida de la sucesión de toda su nobleza, de que se preciaban de tantos años atrás.
Vista
por los indios cosa tan injusta y crueldad tan nunca vista en tantos inocentes
sin culpa perpetrada, los que habían sufrido con tolerancia la prisión no
menos injusta de su universal señor, porque él mesmo se lo mandaba que no
acometiesen ni guerreasen a los cristianos, entonces pónense en armas toda la
ciudad y vienen sobre ellos, y heridos muchos de los españoles apenas se
pudieron escapar. Ponen un puñal a los pechos al preso Motenzuma, que se
pusiese a los corredores y mandase que los indios no combatiesen la casa, sino
que se pusiesen en paz. Ellos no curaron entonces de obedecelle en nada, antes
platicaban de elegir otro señor y capitán que guiase sus batallas. Y porque ya
volvía el capitán que había ido al puerto, con victoria, y traía muchos más
cristianos y venía cerca, cesaron el combate obra de tres o cuatro días, hasta
que entró en la ciudad. Él entrando, ayuntada infinita gente de toda la
tierra, combaten a todos juntos de tal manera y tantos días, que temiendo todos
morir acordaron una noche salir de la ciudad. Sabido por los indios, mataron
gran cantidad de cristianos en las puentes de la laguna(29) con justísima y
sancta guerra, por las causas justísimas que tuvieron, como dicho es.
Las
cuales, cualquiera que fuere hombre razonable y justo las justificara. Sucedió
después el combate de la ciudad, reformados los cristianos, donde hicieron
estragos en los indios admirables y estraños, matando infinitas gentes y
quemando vivos muchos y grandes señores.
Después
de las tiranías grandísimas y abominables que éstos hicieron en la ciudad de
México y en las ciudades y tierra mucha (que por aquellos alderredores diez y
quince y veinte leguas de México, donde fueron muertas infinitas gentes), pasó
adelante esta su tiránica pestilencia y fue a cundir e inficionar y asolar a la
provincia de Pánuco, que era una cosa admirable la multitud de las gentes que
tenía, y los estragos y matanzas que allí hicieron. Después destruyeron por
la mesma manera la provincia de Tututepeque, y después la provincia de
Ipilcingo, y después la de Colima, que cada una es más tierra que el reino de
León y que el de Castilla.
Contar
los estragos y muertes y crueldades que en cada una hicieron seria sin duda una
cosa dificilísima e imposible de decir, y trabajosa de escuchar.
Es
aquí de notar que el título con que entraban y por el cual comenzaban a
destruir todos aquellos inocentes y despoblar aquellas tierras, que tanta alegría
y gozo debieran de causar a los que fueran verdaderos cristianos, con su tan
grande e infinita población, era decir que viniesen a subjetarse y obedecer al
rey de España, donde no, que los habían de matar y hacer esclavos.
Y
los que no venían tan presto a cumplir tan irracionales y estultos mensajes, y
a ponerse en las manos de tan inicuos y crueles y bestiales hombres, llamábanles
rebeldes y alzados contra el servicio de Su Majestad.
Y así lo escrebían acá al rey nuestro señor; y la ceguedad de los que
regían las Indias no alcanzaba ni entendía aquello que en sus leyes está
expreso y más claro que otro de sus primeros principios, conviene a saber: que
ninguno es ni puede ser llamado rebelde si primero no es súbdito.
Considérese
por los cristianos y que saben algo de Dios y de razón, y aun de las leyes
humanas, qué tales pueden parar los corazones de cualquier gente que vive en
sus tierras segura, y no sabe que deba nada a nadie, y que tiene sus naturales
señores las nuevas que les dijeren así de súpito: «Daos a obedecer a un rey
estraño, que nunca vistes ni oistes, y, si no, sabed que luego os hemos de
hacer pedazos», especialmente viendo por experiencia que así luego lo hacen.
Y
lo que más espantable es que a los que de hecho obedecen ponen en aspérrima
servidumbre, donde con increíbles trabajos y tormentos más largos y que duran
más que los que les dan metiéndolos a espada, al cabo perecen ellos y sus
mujeres e hijos y toda su generación.Y ya que, con los dichos temores y
amenazas, aquellas gentes u otras cualesquiera en el mundo vengan a obedecer y
reconocer el señorío de rey estraño, no ven los ciegos y turbados de ambición
y diabólica cudicia que no por eso adquieren una punta de derecho, como
verdaderamente sean temores y miedos aquellos cadentes* inconstantísimos viros*,
que de derecho natural y humano y divino es todo aire cuanto se hace para que
valga, si no es el reatu* y obligación que les queda a los fuegos infernales, y
aun a las ofensas y daños que hacen a los reyes de Castilla, destruyéndole
aquellos sus reinos y aniquilándoles (en cuanto en ellos es) todo el derecho
que tienen a todas las Indias. Y éstos son, y no otros, los servicios que los
españoles han hecho a los dichos señores reyes en aquellas tierras, y hoy
hacen.
Con
este tan justo y aprobado título envió aqueste capitán tirano otros dos
tiranos capitanes muy más crueles y feroces, peores y de menos piedad y
misericordia que él, a los grandes y florentísimos y felicísimos reinos, de
gentes plenísimamente llenos y poblados, conviene a saber, el reyno de
Guatimala, que está a la mar del Sur, y el otro de Naco y Honduras o Guaimura,
que está a la mar del Norte(30), frontero el uno del otro y que confinaban y
partían términos ambos a dos trescientas leguas de México. El uno despachó
por la tierra y el otro en navíos por la mar(31), con mucha gente de caballo y
de pie cada uno.
Digo
verdad que de lo que ambos hicieron en mal, y señaladamente del que fue al
reino de Guatimala, porque el otro presto mala muerte murió, que podría
expresar y colegir tantas maldades, tantos estragos, tantas muertes, tantas
despoblaciones, tantas y tan fieras injusticias que espantasen los siglos
presentes y venideros e hínchese dellas un gran libro.
Porque
éste excedió a todos los pasados y presentes, así en la cantidad y número de
las abominaciones que hizo, como de las gentes que destruyó y tierras que hizo
desiertas, porque todas fueron infinitas.
El
que fue por la mar y en navíos hizo grandes robos y escándalos y
aventamientos* de gentes en los pueblos de la costa, saliéndose a recebir
algunos con presentes en el reino de Yucatán, que está en el camino del reino
susodicho de Naco y Guaimura, donde iba. Después de llegado a ellos, envió
capitanes y mucha gente por toda aquella tierra que robaban y mataban y destruían
cuantos pueblos y gentes había. Y especialmente uno que se alzó con
trescientos hombres y se metió la tierra adentro hacia Guatimala, fue
destruyendo y quemando cuantos pueblos hallaba, y robando y matando las gentes
dellos.
Y
fue haciendo esto de industria más de ciento y veinte leguas, porque, si
enviasen tras él, hallasen los que fuesen la tierra despoblada y alzada, y los
matasen los indios en venganza de los daños y destruiciones que dejaban hechos.
Desde a pocos días mataron al capitán principal que le envió y a quien éste
se alzó, y después sucedieron otros muchos tiranos crudelísimos que
con matanzas y crueldades espantosas, y con hacer esclavos y vendellos a los
navíos que les traían vino y vestidos y otras cosas, y con la tiránica
servidumbre ordinaria, desde el año de mil y quinientos y veinte y cuatro hasta
el año de mil y quinientos y treinta y cinco, asolaron aquellas provincias y
reino de Naco y Honduras, que verdaderamente parecían un paraíso de deleites y
estaban más pobladas que la más
frecuentada y poblada tierra que puede ser en el mundo.
Y
agora pasamos y venimos por ellas, y las vimos tan despobladas y destruidas que
cualquiera persona, por dura que fuera, se le abrieran las entrañas de dolor. Más
han muerto en estos once años de dos cuentos de ánimas, y no han dejado en más
de cient leguas en cuadra dos mil personas, y éstas cada día las matan en la
dicha servidumbre.
Volviendo
la péndola* a hablar del grande tirano capitán que fue a los reinos de
Guatimala, el cual, como está dicho, excedió a todos los pasados e iguala con
todos los que hoy hay, desde las provincias comarcanas a México, que por el
camino que él fue (según él mesmo
escribió en una carta al principal que le envió (32)) están del reino de
Guatimala cuatrocientas leguas, fue haciendo
matanzas y robos, quemando y robando y destruyendo donde llegaba toda la tierra
con el título susodicho, conviene a saber, diciéndoles que se subjectasen a
ellos, hombres tan inhumanos, injustos y crueles, en nombre del rey de
España, incógnito y nunca jamás dellos oído. El cual estimaban ser muy más
injusto y cruel que ellos; y aun sin dejallos deliberar, cuasi tan presto como
el mensaje, llegaban matando y quemando sobre ellos.
Notas
24 Fecha
de viaje de Juan de Grijalva; la conquista la realizó Cortéz a partir de 1519.
25
Primeros versos de un muy conocido romance viejo.
26 Hernán
Cortéz.
27 Pánfilo
de Narváez.
28 Pedro
de Alvarado.
29 La
famosa »Noche Triste« de 1520.
30 Estos
dos “mares” del Sur y del Norte son el Pacífico y el Atlántico, así
llamados por la dirección Oeste-Este de la costa del istmo de Panamá.
31 Pedro
de Alvarado, por tierra, y Cristóbal de Olid, por mar. Murió Olid asesinado
por sus rivales Francisco de las Casas y Gil González Dávila.
32
Alvarado escribió tres cartas a Hernán Cortéz.
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Ultima Actualización Marzo 11, 2003
por greenman_92553 - Elias Bernard
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