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SOBRE MEXICO Y LA AMERICA CENTRAL
DE LA NUEVA ESPAÑA Y PANUCO Y JALISCO
Hechas
las grandes crueldades y matanzas dichas y las que se dejaron de decir en las
provincias de la Nueva España y en la de Pánuco, sucedió en la de Pánuco
otro tirano insensible cruel el año de mil y quinientos y veinte y cinco(36),
que, haciendo muchas crueldades y herrando muchos y gran número de esclavos de
las maneras susodichas, siendo todos los hombres libres, y enviando cargados
muchos navíos a las islas Cuba y Española, donde mejor venderlos podía, acabó
de asolar toda aquella provincia y acaeció allí dar por una yegua ochenta
indios, ánimas racionales. De aquí fue proveído para gobernar la ciudad de México
y toda la Nueva España, con otros grandes tiranos por oidores y él por
presidente. El cual con ellos cometieron tan grandes males, tantos pecados,
tantas crueldades, robos y abominaciones que no se podrían creer. Con las
cuales pusieron toda aquella tierra en tan última despoblación, que, si Dios
no le atajara con la resistencia de los religiosos de Sant Francisco, y luego
con la nueva provisión de un Audiencia Real buena y amiga de toda virtud(37),
en dos años dejaran la Nueva España como está la isla Española. Hobo hombre
de aquéllos de la compañía déste, que para cercar de pared una gran huerta
suya traía ocho mi indios trabajando sin pagalles nada ni dalles de comer que
de hambre se caían muertos súpitamente, y él no s daba por ello nada.
Desque
tuvo nueva el principal desto, que dije que acabó de asolar a Pánuco, que venía
la dicha buena Real Audiencia, inventó de ir la tierra adentro a descubrir
donde tiranizase, y sacó por fuerza de la provincia de México quince o veinte
mil hombres para que le llevasen, y a los españoles que con él iban, las
cargas, de los cuales no volvieron doscientos, que todos fue causa que muriesen
por allá. Llegó a la provincia de Mechuacam, que es cuarenta leguas de México,
otra tal y tan felice y tan llena de gente como la de México, saliéndose a
recibir el rey y señor della(38) con procesión de infinita gente, y haciéndole
mil servicios y regalos. Prendió luego al dicho rey, porque tenía fama de muy
rico de oro y plata, y porque le diese muchos tesoros comienza a dalle estos
tormentos el tirano: pónelo en un cepo por los pies y el cuerpo estendido, y
atado por las manos a un madero; puesto un brasero junto a los pies, y un
muchacho, con un hisopillo mojado en aceite, de cuando en cuando se los rociaba
para tostalle bien los cueros; de una parte estaba un hombre cruel, que con una
ballesta armada apuntábale al corazón; de la otra otro, con un muy terrible
perro bravo echándoselo, que en un credo lo despedazara; y así lo atormentaron
porque descubriese los tesoros que pretendía, hasta que, avisado cierto
religioso de Sant Francisco, se lo quitó de las manos: de los cuales tormentos
al fin murió. Y desta manera atormentaron y mataron a muchos señores y
caciques en aquellas provincias, porque diesen oro y plata.
Cierto
tirano en este tiempo, yendo por visitador más de las bolsas y haciendas, para
roballas, de los indios que no de las ánimas o personas, halló que ciertos
indios tenían escondidos sus ídolos, como nunca los hobiesen enseñado los
tristes españoles otro mejor dios. Prendió los señores hasta que le dieron
los ídolos, creyendo que eran de oro o de plata, por lo cual cruel e
injustamente los castigó. Y porque no quedase defraudado de su fin, que era
robar, constriño a los dichos caciques que le comprasen los ídolos, y se los
compraron por el oro o plata que pudieron hallar, para adorarlos como solían
por dios. Éstas son las obras y ejemplos que hacen, y honra que procuran a Dios
en las Indias los malaventurados españoles.
Pasó
este gran tirano capitán de la de Mechuacam a la provincia de Jalisco, que
estaba entera y llena como tina colmena de gente poblatísima y felicísima,
porque es de las fértiles y admirables de las Indias; pueblo tenía que casi
duraba siete leguas su población. Entrando en ella, salen los señores y gente
con presentes y alegría, como suelen todos los indios, a recebir.
Comenzó
a hacer las crueldades y maldades que
solía, y que todos allá tienen de costumbre, y muchas más, por conseguir el
fin que tienen por dios, que es el oro. Quemaba los pueblos, prendía los
caciques, dábales tormentos, hacía cuantos tomaba esclavos. Llevaba infinitos
atados en cadenas, las mujeres paridas yendo cargadas con cargas que de los
malos cristianos llevaban; no pudiendo llevar las criaturas por el trabajo y
flaqueza de hambre, arrojábanlas por los caminos, donde infinitas perecieron.
Un
mal cristiano, tomando por fuerza una doncella para pecar con ella, arremetió
la madre para se la quitar; saca un puñal o espada y córtale una mano a la
madre; y a la doncella, porque no quiso consentir, matóla a puñaladas.
Entre
otros muchos hizo herrar por esclavos injustamente, siendo libres (como todos lo
son), cuatro mil y quinientos hombres y mujeres y niños de un año a las tetas
de las madres, y de dos y tres y cuatro y cinco años, aun saliéndose a recebir
de paz, sin otros infinitos que no se contaron.
Acabadas
infinitas guerras inicuas e infernales y matanzas en ellas que hizo, puso toda
aquella tierra en la ordinaria y pestilencial servidumbre tiránica, que todos
los tiranos cristianos de las Indias suelen y pretenden poner aquellas gentes.
En la cual consintió hacer a sus mesmos mayordomos y a todos los demás
crueldades y tormentos nunca oídos, por sacar a los indios oro y tributos.
Mayordomo suyo mató muchos indios, ahorcándolos y quemándolos vivos, y echándolos
a perros bravos, y cortándoles pies y manos y cabezas y lenguas, estando los
indios de paz, sin otra causa alguna más de por amedentrallos para que le
sirviesen y diesen oro o tributos, viéndolo y sabiéndolo el mesmo egregio
tirano, sin muchos azotes crueles y palos y bofetadas y otras especies de
crueldades que en ellos hacían cada día y cada hora ejercitaban.
Dícese de él que ochocientos pueblos destruyó y abrasó en aquel reino de Jalisco, por lo cual fue causa que de desesperados (viéndose todos los demás tan cruelmente perecer) se alzasen y fuesen a los montes y matasen muy justa y dignamente algunos españoles. Y después, con las injusticias y agravios de otros modernos tiranos que por allí pasaron para destruir otras provincias, se juntaron muchos indios, haciéndose fuertes en ciertos peñones, en los cuales agora de nuevo han hecho en ellas tan grandes crueldades que cuasi han acabado de despoblar y asolar toda aquella gran tierra, matando infinitas gentes. Y los tristes ciegos, dejados de Dios venir a reprobado sentido, no viendo la justísima causa y causas muchas llenas de toda justicia, que los indios tienen por ley natural, divina y humana de los hacer pedazos, si fuerzas y armas tuviesen, y echarlos de sus tierras, y la injustísima y llena de toda iniquidad, condenada por todas las leyes, que ellos tienen para sobre tantos insultos y tiranías y grandes e inexpiables pecados que han cometido en ellos, moverles de nuevo guerra, piensan y dicen y escriben que las victorias que han de los inocentes indios asolándolos, todas se las da Dios porque sus guerras inicuas tienen justicia, como se gocen y glorien y hagan gracias a Dios de sus tiranías, como lo hacían aquellos tiranos ladrones de quien dice el profeta Zacharias, cap.11: Pasce pecora ocisionis, quae qui occidebant non dolebant sed dicebant, benedictus deus quod divítes factí sumus.(39)
Notas
36
Nuño de Guzmán.
37
Así es como es conocido el desgobierno de la Primera Audiencia de la Nueva España
(Nuño de Guzmán, presidente; Paredes, Francisco Maldonado, Matienzo y
Delgadillo, oidores), se sabe que el gobierno de la segunda audiencia fue bueno
(Ramírez de Fuenleal, presidente; Vasco de Quiroga, Alonso Maldonado, Francisco
y Juan Salmerón, oidores).
38
Catzontzín.
39
«Apaciencia las ovejas para el sacrificio, pues quienes las mataban no se
lamentaban, sino que decían: “Bendito sea Dios, porque nos ha enriquecido”».
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Ultima Actualización Marzo 11, 2003
por greenman_92553 - Elias Bernard
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