PROLOGO

DEL OBISPO DON FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS 0 CASAUS PARA EL MUY ALTO Y MUY PODEROSO SEÑOR, EL PRÍNCIPE DE LAS ESPAÑAS, DON FELIPE, NUESTRO SEÑOR

Por Bartolome de las Casas

Muy alto y muy poderoso señor:

Como la providencia divina tenga ordenado en su mundo que para dirección y común utilidad del linaje humano se constituyesen en los Reinos y pueblos, reyes, como padres y pastores (según los nombra Homero), y por consiguiente sean los más nobles y generosos miembros de las repúblicas, ninguna dubda de la rectitud de sus ánimos reales se tiene, o con recta razón se debe tener, que si algunos defectos, nocumentos* y males se padecen en ellas, no ser otra la causa sino carecer los reyes de la noticia dellos. Los cuales, si les contasen, con sumo estudio y vigilante solercia* extirparían. Esto parece haber dado a entender la divina escriptura en los proverbios de Salomón: Rex qui sedes in solio iudicií, dissipat omne malum intuito suo (3). Porque de la innata y natural virtud del rey así se supone, conviene a saber, que la noticia sola del mal de su reino es bastantísima para que lo disipe, y que ni por un momento solo en cuanto en sí fuere lo pueda sufrir.

Considerando, pues, yo (muy poderoso señor) los males y daños, perdición y jacturas* (de los cuales nunca otros iguales ni semejantes se imaginaron poderse por hombres hacer) de aquellos tantos y tan grandes y tales reinos, y por mejor decir de aquel vastísimo y nuevo mundo de las Indias, concedidos y encomendados por Dios y por su Iglesia a los reyes de Castilla, para que se los rigiesen y gobernasen, convertiesen y prosperasen temporal y espiritualmente, como hombre que por cincuenta años y más de experiencia, siendo en aquellas tierras presente (4), los he visto cometer; que, constándole a Vuestra Alteza algunas particulares hazañas dellos, no podría contenerse de suplicar a su Majestad con instancia importuna que no conceda ni permita las que los tiranos inventaron, prosiguieron y han cometido que llaman conquistas, en las cuales (si se permitiesen) han de tornarse a hacer, pues de sí mismas (hechas contra aquellas indianas gentes, pacíficas, humildes y mansas que a nadie ofenden) son inicuas, tiránicas y, por toda ley natural, divina y humana, condenadas, detestadas y malditas; deliberé, por no ser reo callando de las perdiciones de ánimas y cuerpos infinitas que los tales perpetraran, poner en molde algunas y muy pocas que los días pasados colegí de innumerables que con verdad podría referir, para que con más facilidad Vuestra Alteza las pueda leer.

Y puesto que el arzobispo de Toledo (5), maestro de Vuestra Alteza, siendo obispo de Cartagena, me las pidió y presentó a Vuestra Alteza, pero por los largos caminos de mar y de tierra que Vuestra Alteza ha emprendido, y ocupaciones frecuentes reales que ha tenido, puede haber sido que, o Vuestra Alteza no las leyó, o que ya olvidadas las tiene, y el ansia temeraria e irracional de los que tienen por nada indebidamente derramar tan inmensa copia* de humana sangre, y despoblar de sus naturales moradores y poseedores, matando mil cuentos* de gentes, aquellas tierras grandísimas, y robar incomparables tesoros, crece cada día, - Importunando por diversas vías y varios fingidos colores que se les concedan o permitan las dichas conquistas (las cuales no se les podrían conceder sin violación de la ley natural y divína, y por consiguiente gravísimos pecados mortales, dignos de terribles y eternos suplicios), tuve por conviniente servir a Vuestra Alteza con este sumario brevísimo de muy difusa historia que de los estragos y perdiciones se podria y debería componer. Suplico a Vuestra Alteza lo reciba y lea con la clemencia y real benignidad que suele las obras de sus criados y servidores que puramente, por sólo el bien público y prosperidad del estado real, servir desean. Lo cual visto, y entendida la deformidad de la injusticia que a aquellas gentes inocentes se hace, destruyéndolas y despedazándolas sin haber, causa ni razón justa para ello, sino por sola la cudicia y nbición de los que hacer tan nefarias obras pretenden, Vestra Alteza tenga por bien de con eficacia suplicar y persuadir a Su Majestad que deniegue a quien las pidiere tan nocivas y detestables empresas, antes ponga en esta manda infernal perpetuo silencio, con tanto terror que ninguno sea osado dende adelante ni aun solamente se las nombrar.

Cosa es ésta, muy alto señor, convenientísima y ne¡aria para que todo el estado de la corona real de Castilla, espiritual y temporalmente, Dios lo prospere y conserve y haga bienaventurado, Amén.

Notas

3- El Rey sentado en el trono de la justicia, con una sola mirada sipa todo mal.” (Prov. 20,8)

4- B.de las Casas llegó a las Indias , a la Española en 1502, en la expedición de Nicolás de Ovando.

5- Juan Martinez Guijarro (1486-1557), maestro del príncipe don Felipe, Obispo de Cartagena (1540) y arzobispo de Toledo (1546)

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Ultima Actualización Marzo 11, 2003
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