

PROLOGO
DEL OBISPO DON FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS 0 CASAUS
Por Bartolome de las Casas
Muy
alto y muy poderoso señor:
Como
la providencia divina tenga ordenado en su mundo que para dirección y común
utilidad del linaje humano se constituyesen en los Reinos y pueblos, reyes, como
padres y pastores (según los nombra Homero), y por consiguiente sean los más
nobles y generosos miembros de las repúblicas, ninguna dubda de la rectitud de
sus ánimos reales se tiene, o con recta razón se debe tener, que si algunos
defectos, nocumentos* y males se padecen en ellas, no ser otra la causa sino
carecer los reyes de la noticia dellos. Los cuales, si les contasen, con sumo
estudio y vigilante solercia* extirparían. Esto parece haber dado a entender la
divina escriptura en los proverbios de Salomón: Rex qui sedes in solio iudicií,
dissipat omne malum intuito suo (3). Porque de la innata y natural virtud del
rey así se supone, conviene a saber, que la noticia sola del mal de su reino es
bastantísima para que lo disipe, y que ni por un momento solo en cuanto en sí
fuere lo pueda sufrir.
Considerando,
pues, yo (muy poderoso señor) los males y daños, perdición y jacturas* (de
los cuales nunca otros iguales ni semejantes se imaginaron poderse por hombres
hacer) de aquellos tantos y tan grandes y tales reinos, y por mejor decir de
aquel vastísimo y nuevo mundo de las Indias, concedidos y encomendados por Dios
y por su Iglesia a los reyes de Castilla, para que se los rigiesen y gobernasen,
convertiesen y prosperasen temporal y espiritualmente, como hombre que por
cincuenta años y más de experiencia, siendo en aquellas tierras presente (4),
los he visto cometer; que, constándole a Vuestra Alteza algunas particulares
hazañas dellos, no podría contenerse de suplicar a su Majestad con instancia
importuna que no conceda ni permita las que los tiranos inventaron, prosiguieron
y han cometido que llaman conquistas, en las cuales (si se permitiesen) han de
tornarse a hacer, pues de sí mismas (hechas contra aquellas indianas gentes,
pacíficas, humildes y mansas que a nadie ofenden) son inicuas, tiránicas y,
por toda ley natural, divina y humana, condenadas, detestadas y malditas;
deliberé, por no ser reo callando de las perdiciones de ánimas y cuerpos
infinitas que los tales perpetraran, poner en molde algunas y muy pocas que los
días pasados colegí de innumerables que con verdad podría referir, para que
con más facilidad Vuestra Alteza las pueda leer.
Y
puesto que el arzobispo de Toledo (5), maestro de Vuestra Alteza, siendo obispo
de Cartagena, me las pidió y presentó a Vuestra Alteza, pero por los largos
caminos de mar y de tierra que Vuestra Alteza ha emprendido, y ocupaciones
frecuentes reales que ha tenido, puede haber sido que, o Vuestra Alteza no las
leyó, o que ya olvidadas las tiene, y el ansia temeraria e irracional de los
que tienen por nada indebidamente derramar tan inmensa copia* de humana sangre,
y despoblar de sus naturales moradores y poseedores, matando mil cuentos* de
gentes, aquellas tierras grandísimas, y robar incomparables tesoros, crece cada
día, - Importunando por diversas vías y varios fingidos colores que se les
concedan o permitan las dichas conquistas (las cuales no se les podrían
conceder sin violación de la ley natural y divína, y por consiguiente gravísimos
pecados mortales, dignos de terribles y eternos suplicios), tuve por conviniente
servir a Vuestra Alteza con este sumario brevísimo de muy difusa historia que
de los estragos y perdiciones se podria y debería componer. Suplico a Vuestra
Alteza lo reciba y lea con la clemencia y real benignidad que suele las obras de
sus criados y servidores que puramente, por sólo el bien público y prosperidad
del estado real, servir desean. Lo cual visto, y entendida la deformidad de la
injusticia que a aquellas gentes inocentes se hace, destruyéndolas y despedazándolas
sin haber, causa ni razón justa para ello, sino por sola la cudicia y nbición
de los que hacer tan nefarias obras pretenden, Vestra Alteza tenga por bien de
con eficacia suplicar y persuadir a Su Majestad que deniegue a quien las pidiere
tan nocivas y detestables empresas, antes ponga en esta manda infernal perpetuo
silencio, con tanto terror que ninguno sea osado dende adelante ni aun solamente
se las nombrar.
Cosa es ésta, muy alto señor, convenientísima y ne¡aria para que todo el estado de la corona real de Castilla, espiritual y temporalmente, Dios lo prospere y conserve y haga bienaventurado, Amén.
Notas
3-
El Rey sentado en el trono de la justicia, con una sola mirada sipa todo mal.”
(Prov. 20,8)
4-
B.de las Casas llegó a las Indias , a la Española en 1502, en la expedición
de Nicolás de Ovando.
5-
Juan Martinez Guijarro (1486-1557), maestro del príncipe don Felipe, Obispo de
Cartagena (1540) y arzobispo de Toledo (1546)
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Ultima Actualización Marzo 11, 2003
por greenman_92553 - Elias Bernard
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